La diócesis de Valencia acogerá el próximo sábado, 5 de noviembre, en el colegio Nuestra Señora de Loreto de la capital del Túria, el III Encuentro Nacional del Sistema de Células de Evangelización -pequeñas comunidades nacidas en las parroquias que buscan evangelizar y hacer discípulos misioneros- en el que participarán representantes de todas las diócesis españolas para compartir sus experiencias.
El objetivo de las Células de Evangelización, que llegaron a España por primera vez en 2013, a la parroquia Nuestra Señora de Loreto de Jávea, -desde donde se creó un equipo para difundirlas por todas las diócesis- es "convertir la parroquia en parroquia misionera", según expresa Fernando Mañó, párroco de San Andrés de L'Alcúdia, anterior párroco en Jávea, y promotor de este método en los países de habla hispana.
Igualmente, Mañó anima a todas las personas interesadas a participar en el encuentro, que lleva por lema 'Un nuevo modo de ser parroquia', y cuyo plazo de inscripción estará abierto hasta este jueves en la página web www.celulasevangelizacion.org.
Pequeñas comunidades que buscan evangelizar y hacer discípulos
Las células parroquiales son "pequeñas comunidades, formadas por una decena de personas, que están en constante crecimiento, que buscan evangelizar, hacer discípulos misioneros y acompañar su ministerio a través de las relaciones cotidianas, lo que denominan el 'oikos', por las que rezan, sirven y comparten a Cristo".

Estas pequeñas comunidades forman parte de la parroquia, "como ocurre con las células del cuerpo, y están llamadas a multiplicarse". "Son una forma de ser parroquia, están a su servicio, ya que forman discípulos misioneros que se integran en la vida y misión de la comunidad parroquial", según Mañó.
Las células se reúnen en las casas de los fieles y en ellas hay un doble proceso: "el discipulado y el crecimiento en la fe". "Es una evangelización de tú a tú como en las primeras comunidades cristianas", añade.
De esta forma, en la célula se "crea una verdadera fraternidad". Además es un método destinado a los alejados e incluso los no bautizados: "el primer encuentro con la persona alejada no es en el templo, es en la casa, y poco a poco se le prepara para la vida de la gran comunidad".
Un proceso, que, como explica Mañó, "tiene su tiempo porque no se crea un discípulo misionero de la noche a la mañana, irá madurando en la fe e irá tomando responsabilidades en la parroquia. También con su vida personal, familia, trabajo...".
En el encuentro en las casas, cada semana o quince días, tiene lugar una celebración sencilla con tiempo para la oración, la alabanza, alguna enseñanza del sacerdote y para compartir la experiencia personal y de evangelización de cada uno. "Encontrarse en las casas para compartir las alegrías y expectativas que están presentes en el corazón de cada persona es una experiencia genuina de evangelización que se asemeja mucho a lo que sucedía en los primeros tiempos de la Iglesia", recordaba el papa Francisco en un encuentro con las células en 2015.
En el centro de la vida de las células está la adoración eucarística. De hecho, en todas las parroquias que tienen células debe existir la adoración en algunas de sus formas y en la que se rece especialmente por la evangelización. La adoración es para ellos muy importante, porque como recordaba Benedicto XVI, "sin adoración eucarística no hay ninguna transformación del mundo".
Las células, además, no pertenecen a ningún movimiento, sino que están al servicio de la parroquia. Es toda "una escuela de evangelización", como define Mañó, o una herramienta de discipulado, que tiene el objetivo de formar discípulos misioneros que se integran a la vida y misión de la comunidad parroquial. Toda una forma de cambiar la parroquia y hacerla abierta y evangelizadora.