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EL RESUMEN de un día cualquiera es una retahíla de quejas y gozos, de asombros y miedos, de dudas y resoluciones, de estrés y liberación. La pausa del café es un respiro y un acontecimiento, una oportunidad de comunicación serena, un descubrimiento de las quejas y las glorias de los congéneres. Cada uno disfruta del café a su manera, en vaso de cristal o en taza, más caliente o más templado, tipo "mitad", "sombra", "nube", "cortado", "manchado"... Las dedicaciones de cada uno, su disponibilidad económica, la posición social vendría a ser el mero recipiente desde donde se sorbe la vida. A veces solo nos fijamos en eso, en los continentes, dejando de disfrutar del contenido, del café humeante y relajante de vivir. Los más felices no son quienes disponen de lo mejor sino quienes hacen lo mejor con lo que tienen. Por eso el momento del café es una manera de agradecer lo bueno de la vida, viviendo de forma sencilla, en paz, teniendo a alguien a quien amar y por quien vivir. Una charla amable es un principio de solidaridad. Me gusta tomar un café con cualquier ser humano, esos momentos en los que estar sentado uno frente al otro otorga el valor de lo auténtico y lo sencillo, esas pequeñas cosas que hacen que la vida resulte maravillosa. Nuestra complicidad compartiendo un instante magnífico, con el aroma inconfundible del café como testigo de nuestra presencia, extrayendo alguna confidencia especial, algo a destacar en la imagen del encuentro. Sonrisas y confidencias —un día cualquiera—, el incentivo de la mañana, saber cómo respira la gente, qué siente y de qué padece. Ese bullicio de las personas en el mundo. Es una forma de sentir al género humano, es observarse y ser observado, disfrutar de esos pequeños detalles graciosos, de aquel que se atropella entre el gentío por alcanzar el periódico o de quien lo está leyendo con fruición. Cosas rutinarias de la vida... ya ven, hoy he hablado de la experiencia tan prosaica de tomar un café.
¿ALGUIEN se acordaría de mí si dejo de existir? ¿Qué somos? Sentimientos y pensamientos, creo. Los míos. Los de cada uno. Existir, pensar, sentir. Un ciervo herido es el que más salta. Sé que paso desapercibido, pero vivo y observo, siento y transformo las sensaciones del mundo en mi interior. Los esfuerzos hercúleos por destacar de los personajes del mundo son eso: saltos de un ciervo herido. Es la sociedad la que camina hacia su fin o su resurgimiento. ¿Para qué realizar grandes obras, si tan solo se trata de seguir? Existen muchas genialidades ya escritas, ya erigidas, ya realizadas. Si yo no voy a aportar algo especialmente original y arrebatador —lo nunca escrito— no es disparatado mantener una discreta línea, este contar y seguir, contemplar y comentar, dejar rastro de lo destacable y ensalzar lo que puede ayudar al camino de la libertad de todos. Y esa es mi denodada lidia diaria, la que recrea, la que plantea, la que habla de escenarios donde acontece la vida de los seres humanos y propone otros nuevos, erosionando el conservadurismo pernicioso que anestesia a la imaginación, utilizándola en el presente, disfrutando del cotidiano galopar, sintiendo este presente sin sacrificarlo, con la recompensa de la satisfacción misma en lo que se realiza. Es el hedonismo práctico carente de ataduras emocionales ni de sumisión a forjadas premisas filosóficas, aspirar a lo genuino comprometido con el momento social, pero sabiendo que lo importante es mantener la propia calidad existencial, sin dejarse influir por el juicio social, sino tener en cuenta las necesidades de la colectividad para actuar en consecuencia y favorecer el camino de la humanidad. He aprendido a ser libre, pero necesito de la sociedad. Mi lucha es la libertad, la mía y la de todos. Y lucho precisamente porque soy libre. ¿Dejar huella? La que queda en mí mismo de la libertad. Eso ya es mucho.
MARIO BUNGE,
filósofo que da una alternativa de democracia participativa, estará
en España el próximo mes invitado por un activo grupo matritense
que trata de despejar la incógnita del nuevo sistema mundial, dado
por fenecido (sin enterrar) al capitalismo de tan hirientes coletazos
hoy en día. Todos los esfuerzos por mantener la estructura liberal
capitalista y los derechos con ella vinculados (propiedad privada,
libre concurrencia y herencia) son bastante dolorosos para la gente
de a pie, que está soportando estoicamente estos estruendosos
estertores sin renunciar al pleno reconocimiento al
trabajo y a la riqueza y los derechos sociales, y transitando hacia otra concepción
política funcional muy distinta. Las nuevas exigencias generacionales
se basan en esta idea y estudiarán las formas ya arcaicas de
gobernanza, que hoy solo la socialdemocracia de unos pocos países
que explotan al resto de la humanidad supera el análisis. Bunge
propone el socialismo autogestionario que nacionalizaría los
sectores estratégicos, tales como energía, materias primas,
transportes, comunicaciones, sanidad y educación. Esto rasca a
muchos los oídos, pero los estratos sociales se sensibilizan hacia
una integración y un respeto de todas las corrientes éticas y todas
las filosofías y religiones del mundo —ausentes de controversia
encarnizada— para la admisión, el respeto y el diálogo compartiendo
las mismas bases esenciales en el nacimiento del nuevo sistema. No
recuerdo quién apuntó algo tan armonizador como que el cementerio
está lleno de personas imprescindibles, pero ejemplifica que la
defensa a ultranza de una determinada doctrina (y mucho menos el
fanatismo) es menos acertado que la ósmosis y la interacción. El
camino de la humanidad es difícil sin el diálogo y la paz entre las
distintas concepciones del mundo con el afán de avanzar, soporte
mutuo para mantener la vida buena y la satisfacción en una nueva
confluencia política.
LA FELICIDAD es una gatita traviesa que no quiere dejarse atrapar. Ni manosear. Si vas detrás de ella con ahínco, se escabulle y te rehúye. Pero si respiras tranquilamente y estás en paz, viene a enredarse entre tus manos, a dormirse con placidez entre tus quehaceres. No sufras por ese amor perdido. La vida te depara la mayor dicha que jamás podrías imaginar, el verdadero amor de tu vida llegará, te calmará y te colmará. Hoy eres libre. Has vivido un amor único por esa persona. Por todas sus cualidades. Has gozado, a pesar de ciertas amarguras que no son nada al lado de todo lo demás. Ahora toca volar a cada uno por su lado. Guardas como un tesoro un sentimiento tan auténtico. Un tesoro que te regresará —en realidad no se ha ido: está dentro de tu mismo corazón—. Ahora disfruta de tu soledad, mitiga esos escozores en la brisa de la noche y hasta juguetea por el día con las olas de los recuerdos. Desde la costa te envío un mensaje enrollado dentro una botella con la fragancia de la vida en plenitud para que sepas que mereces la mayor felicidad, la que expande un corazón universal, sabio de amor. Si cada noche puedes apoyar la cabeza en la almohada y no sentir culpas, serás capaz también de conciliar tu sueño sin dejar que nada te atormente. Si hiciste todo lo que pudiste y tu conciencia está tranquila, duerme y reposa acrecentando la esperanza de una vida plácida porque nada realmente perverso dejas en el camino. Si eres una persona de paz y bien, la vida en algún momento te recompensará con creces. Agradece las bondades que has disfrutado y haz brotar en tu pecho la resistencia junto con la flexibilidad, la paciencia junto con la energía. Descubre que estar a la defensiva parte de un resentimiento de la pequeñez de los temores. Porque la vida es rica si sabemos escarbar entre la nobleza, la constancia y esa óptica positiva que hace nuevo, único y genuino cada día.
ES DISTINTO disfrutar del sentido lúdico a padecer de ludopatía. Cualquier cosa puede ser una fuente de diversión para los naturalmente lúdicos. Sin embargo, su intoxicación, la perversión en el juego, tan solo es manantial de infelicidad. Mientras los primeros lo pasan bien, los ludópatas se hunden en la más mortífera desgracia, deshacen familias, se desesperan, intentan suicidarse o se sienten tristes y abatidos. El juego forma parte de la naturaleza humana. La misma túnica de Jesucristo se la jugaron unos soldados romanos, de ahí la tradición semanasantera de las “chapas”. Hay que apostar en la vida, que siempre es lucha, pero también hay que saber jugarse los cuartos, aunque jamás jugársela. España es pionera en los juegos de azar, desde la romántica y entrañable Lotería de Navidad, pasando por la Bonoloto, la Primitiva, la Lotería Nacional, el bingo y los casinos, y acabando con el cuponazo, las quinielas y las tragaperras. No está mal como pasatiempo y es una ilusión muy nacional. Cada día hay varios ganadores y el gentío siente cierta admiración por los afortunados, casi siempre ocultos para no complicarse la vida y porque, en el fondo, también da (no sé a cuento de qué) cierta timidez o vergüenza manifestarse como agraciado por la diosa Fortuna. Eso evita también posibles envidias. No la tocas tú: la diosa te toca a ti. Es el juego de la vida, la lucidez del destino, la rebelión de la rutina, el triunfo del azar sobre cualquier planificación. Hoy mismo, algún apostante triunfador o algunos afortunados ganadores se han topado con una pila de millones, el sueño de su vida. Es una opción gratificante en la machacona, dura y cruda realidad de la modernidad. Es una alegría y un chorro de simpatía del destino. España hace juego y no me parece mal. El mundo no es triste y gris, sino colorido, y mucha gente contribuye a esa diversión. Cada día hay nuevos divergentes —que yo llamo— o nuevos jugadores sorprendidos por la buena suerte. Nacimos de la misma forma, con la alegría y la confianza de la vida y de la suerte.
Actuaciones de la Guardia Civil y de la Policía Nacional
En esta web se encuentran alojados los vídeos de la Guardia Civil y de la Policía Nacional para que compruebes en qué consiste su trabajo y cuáles son las misiones que tienen encomendadas, además de vídeos sobre medio ambiente, sucesos, reportajes y otras temáticas.
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