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DE NUEVO se han estrellado la cabezota contra la pared esos políticos que tan bien se venden, aguerridos avencerrajes pendencieros y persistentes de los nacionalismos. Las evidencias electorales no dan el 50% de votos al independentismo. En cualquier sociedad anónima, en cualquier empresa los dirigentes son quienes suman el mayor capital. Cataluña no es más que un territorio que pertenece a todos los españoles. No sé qué tanto aferrarse a que quienes allí viven sean tan decisivos sobre la improbable secesión. Alimentar a la familia y construir un futuro próspero es lo que quieren los ciudadanos. Lo demás, al fresco nos la trae. La trifulca política nos sirve de mero cachondeo mediático para apartar la atención de otras cosas realmente preocupantes. La numerología, la ley d'Hont y el enrevesado cuasi 'fifty/fifty' nos marearán durante estos días para divertir a unos, ahogar a otros y engañar a todos. Está claro, por los resultados, que la mayoría de los catalanes está en contra de la secesión. Son inventos gubernativos, mero juego de mus, un tira y afloja que mantenga la tensión y, sobre todo, la manduca de los jerifaltes. En un globo que se debate entre el predominio de la globalización de los trusts financieros y la globalización auténtica, en el que la comunicación y la tecnología acercan más a unos y a otros, mientras el duelo real es la nivelación de tradiciones y la uniformidad, Cataluña es una región que pertenece al limbo de lo mediático para divertir con animadversión y "sangre" en la arena. El soberanismo no es ni más ni menos que la fuerza que está en contra de todo lo natural para mantener el interés del montaje que es hoy por hoy la política, que alimenta a unos cuantos mientras la mayoría padece penurias. Por encima de porcentajes y alianzas está la realidad de que este juego interesa a todos los que viven del tema, mientras el racionado normal, la gente de a pie, tan solo quiere gozar de un futuro estable. A mí me sirve que no haya una mayoría realmente clara de que el pueblo desee que se desgaje esta región y se convierta en Estado. Y me sirve, desde siempre, que en ese hipotético caso, quienes tendrían que decidir serían los españoles en su totalidad.
A VECES, araño horas
al sueño para vivir, vivir, vivir. 55 tacos, y ahora me doy cuenta de
que la carrera de la vida empieza con cada amanecer. Resido donde
quiero, en el sol y en el agua. Tengo todo para subsistir y he creado
algo en el mundo. No quiero dejar grandes obras, no me interesa la
posteridad. Solo deseo que mis hijas y los seres humanos tengan una vida
auténtica, la gente de noble corazón, la que me enseña, la que —a pesar
de amarguras y malas circunstancias— brilla con luz propia. ¡Y son
tantas! Se pueden encontrar en las páginas de un libro y en cualquier
esquina del deambular de una vida. A veces el tonto más tonto de todos
los tontos es quien te da la clave para sortear los caprichos retorcidos
del demonio. Yo solo puedo decir gracias, gracias porque todo lo oculto
me es revelado como en una inmesa foto. Cada día se configura ante mí
un mosaico de imágenes y palabras que me ofrecen una cosmovisión para
seguir mi camino. Y es gracias a la gente, a otros seres humanos, gracias a quienes son mis amigos y, sin apenas darse
cuenta, me orientan, me animan, y estimulan mis pasos. Uno hace por la
vida en la medida que resulta beneficioso de alguna manera para los
demás. La moralidad como conjunto de pautas para convivir, como
convención de convivencia, es algo de lo que hay que ser consciente. Si
existiese un solo ser humano en el mundo jamás podría tener este sentido
ético: carecería de las diversas costumbres y tradiciones. Mar Mirantes, autora de intersantes
reflexiones, alude a su faceta de camaleón: "Allá donde voy observo de
donde vine y en los ojos brillantes de los niños, los mismos corazones
palpitantes que nos igualan y nos hacen humanos". Siempre yo me sentí
así, perteneciente a una raza de nobleza, aventura e intrepidez. Un
auténtico trotamundos, aunque no lo sea tanto (se diría que como un
delfín en un oceanográfico). A pesar del escepticismo y la continua
búsqueda del amor, permanece en mí un sentido atávico de la marcha de la
humanidad, una huella que permanece indeleble, oculta como un tesoro lo
está en esas piedras venerables que otras manos pulieron a través del
globo terráqueo.
QUIZÁ EN mí existe una parte íntima y muy particular, secreta, reservada para los más selectos amigos, quienes reciben lo más valioso que tengo y que tiene cualquier ser humano: un tiempo y una dedicación cualitativos, algo que entregas y no vas a recuperar. Das el gran denuedo en pos de la dicha, un bien que te engrandece a ti mismo más. Y el primero que lo recibe soy yo mismo en la vida real. La virtual es reflejo de lo que ya yo soy: un tío genial y risueño. Uno puede reconocer a sus amigos en los momentos procelosos, en las dificultades, en el peligro. Esos son los grandes. Mi mejor amigo soy yo. YO es un ser que decide, que es consciente, sabio y aventurado. Los yoes mundiales, en ese sentido, escasean, pero no son egocéntricos. La amistad se demuestra en la preocupación por el amigo, interesándose por su bienestar, por sus problemas y logros. Por esto procura reunirse, comunicarse o convivir con él. Un amigo es el que está en todo momento, el que te anima cuando estás decaído. Es en la turbación donde la amistad se pone a prueba. Cicerón sentenció con radicalidad: «Sólo en el peligro se conoce al verdadero amigo». La amistad se da en distintas etapas de la vida y en diferentes grados de importancia y trascendencia. Nace cuando las personas encuentran inquietudes comunes. Hay amistades que germinan a los pocos minutos de relacionarse y otras que tardan años en hacerlo. La auténtica amistad dura toda la vida. Podemos escribir cosas preciosas y no llevarlas a cabo. Con lo cual, me quedo en la metafísica, carente con probabilidad de sentimientos. Lo definitivo, crujiente y devastador es hacer que la practique el mundo gracias a tu empatía. Y tú, ser consciente de ello. De que tú lo causas. Valorarlo. Es en ese sentido en el que me adoro a mí mismo. Hay que saber diferenciar. Percibo como imprescindible un egoísmo primario para más vivir, como yo digo. Pero eso no nos convierte necesariamente en orgullosos empedernidos. Creo que me explico, pero con uno solo me entienda —yo mismo— ya me doy por satisfecho. Cierta dosis de vanidad es fantástica para sentir el gozo interno de la paz.
LA ONU y la FAO recomiendan comer insectos; por su alto valor nutritivo y para paliar el hambre en el mundo. Siempre han repugnado en Occidente esas imágenes de bichos vivos en la cocina, dispuestos para condimentar la ensalada, pero es una realidad que desde tiempo inmemorial son parte de ciertas dietas. Hoy millones de personas los degustan en África, Asia y América, con una variedad de unas 1.500 especies. Al parecer nadie se ha muerto por ello y debe ser muy sano, ya que aportan proteínas, minerales y nutrientes esenciales con la absorción de mucha menos grasa que la carne, que en puridad no es beneficiosa para la salud, según estudios. Si esto es lo que se proponen en serio, va a ser muy difícil erradicar el rechazo en la cultura occidental a la ingesta de crujientes cucarachas por muy suntuosa y saludable manduca que se la pueda considerar. Se me ocurre que, de extender y aumentar este consumo mundial, al final se las ingeniarán para crear una activa industria paralela que transformará los componentes tan nutritivos de los insectos en pastillitas envasadas de colores —potentes inhibidoras de la repulsión— que sacien plenamente el apetito. Privarán a muchos del placer de la gastronomía, pero habrá menos hambre en el mundo y un montón de puestos de trabajo más. De momento, sin embargo, el tema del sustento se agudiza dramáticamente en el día a día de los refugiados e inmigrantes que atraviesan, desde el sureste, Europa. Sus mandatarios, en su más íntimo sentido de la solidaridad, no están muy por la labor de acogerlos, a pesar de sus pomposas declaraciones. Son falsas. La prueba está en que de Barcelona salieron, en su día, mascarillas antigás para Gaza, cuyo precio oscilaba entre los 150 y los 200 €; una pasta. Ahora, lo que ha salido es gas pimienta, una partida que ha llegado a Hungría. Cataluña vende al Gobierno español y al extranjero material de guerra. La Comunidad europea —liderada por la canciller alemana— paga. Esto es lo que nos estamos comiendo en España, la fama de intentar el exterminio de una nueva raza, la de los asilados. Porque se empieza por amenazar, se sigue con herir y se acaba por matar deliberadamente.
INTENTAR QUE el prójimo haga lo que uno quiere con malas artes. Sería una correcta definición de chantaje. Si quien va a sufrirlo no cede, se convertirá en víctima del temor. Hoy, lamentablemente, es un arma muy utilizada, una ofensiva manejada por seres inteligentes y no tanto que suelen usar su mayor o menor talento en puro beneficio propio casi siempre traspasando la frontera de la ética y/o de la legalidad. Hay tres elementos, por tanto: la exigencia pretendida, la víctima y el extorsionador que, una vez iniciado el plan, no parará porque justamente la resistencia a cumplir con lo exigido forma parte del proceso, minando la confianza en sí mismo del extorsionado, debilitándole y haciéndole sentir culpable. Si se culmina esta acción se habrá conseguido el objetivo. ¿Qué está pasando realmente con el caso de Rodrigo Rato o con el de Jordi Pujol? El ex portavoz del SUP (Sindicato Unificado de la Policía), José Manuel Sánchez Fornet, dijo que no pasaría nada en el caso de Jordi Pujol porque este "sabe mucho de mucha gente". Es más, que está pactado con el Gobierno y que todo quedará en agua de borrajas. Y así puede suceder con tantos otros. Cuando se trata de muchísimo dinero los milagros son más fáciles. Los buenos gobernantes deben estar blindados contra la acción de los chantajistas, sin embargo, es una práctica habitual en la política. También se da el chantaje de ida y vuelta. Tú cedes en esto, yo te tapo en aquello y te proporciono lo que deseas, y tú a cambio me tapas a mí en tal cuestión y consigo lo que quiero. En esas estamos. El chantaje se puede hacer sólo si hay un motivo, algo que se pueda chantajear. Si no se ha hecho nada malo, por acción u omisión, el chantaje carece de naturaleza; no es chantaje, es fútil calumnia, por mucho que algunos desalmados piensen aquello de "calumnia que algo queda". No pueden sentirse condicionadas así las personas que gobiernan las instituciones. ¿Quién confía en ver soluciones con este panorama? Basta ya y acabemos con el paro, la corrupción y el chantajismo de los secesionistas. No puede sonarnos normal esa moneda de cambio entre los poderosos.
Actuaciones de la Guardia Civil y de la Policía Nacional
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