Acabamos de conocer con pesar que el papa emérito Benedicto XVI ha fallecido en el Vaticano.
Rezamos para que el Señor lo acoja en su Reino de Paz y de Inmortalidad.
El papa Benedicto XVI ha sido un gran regalo para la Iglesia y para el mundo mediante su ministerio sacerdotal. Ha ejercido su servicio desde el estudio y la enseñanza de la teología, siendo tal vez el mejor teólogo del siglo XX.
Con su ministerio sacerdotal y episcopal, ejercido primero en Alemania y después en la Santa Sede, enriqueció el magisterio eclesial bajo el pontificado de san Juan Pablo II.
Y como Obispo de Roma ayudó a toda la Iglesia a poner a Dios como fundamento de la vida humana.
Hubo gente que no conoció la profundidad de su pensamiento teológico ni su cordial delicadeza de trato personal.

Era respetuoso y exquisito en sus relaciones, como pude comprobar muchas veces en mis encuentros personales con él y en las reuniones de trabajo.
No le faltaron momentos de sufrimiento por la fragilidad pecadora de algunos colaboradores y por problemas eclesiales. Pero lo supo asumir con gran humildad y firmeza a la vez.
Agradecemos a Dios el gran regalo de su persona y de su obra como sacerdote, teólogo, obispo y papa.
Él mismo se definió como "humilde trabajador de la viña del Señor".
Pedimos a Dios misericordioso que ahora lo lleve a gozar con Él de su Amor pleno y de su Luz inextinguible.